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Trabajar con máquinas por miedo a ser menospreciado

Día Internacional de la Tartamudez. Las personas con esta disfluencia del habla todavía tienen dificultades para acceder a un empleo.

  • Las personas con tartamudez todavía siguen encontrando dificultades para ser considerados por el resto de la sociedad interlocutores normales / Dreamstime
    Las personas con tartamudez todavía siguen encontrando dificultades para ser considerados por el resto de la sociedad interlocutores normales / Dreamstime

Tiempo de lectura 4 min.

22 de octubre de 2019. 01:52h

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Ángela Lara 22/10/2019

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«Hice 30 entrevistas de trabajo en dos meses y nunca pasaba a la siguiente fase. Eso mina la moral; era consciente de que no jugaba con las mismas cartas que el resto de candidatos por mi tartamudez y es lógico que en una situación así acabes tirando la toalla», cuenta Rodrigo, quien prefiere relatar su historia desde el anonimato.

Aunque es solo una disfluencia del habla que no impide el desarrollo personal ni profesional, lo cierto es que las personas con tartamudez –en España son medio millón– todavía siguen encontrando dificultades para ser considerados por el resto de la sociedad interlocutores normales. Muchos encuentran trabas para socializar, por miedo a la crítica, por sentirse menospreciados e interrumpidos y por la perpetuación de clichés que rodean al colectivo. En el plano profesional también son infravalorados. Aunque en 2005, se levantó el veto que les prohibía acceder a un empleo público, todavía el 80% no consigue trabajo en las empresas privadas, según pone de relieve la Fundación Española de la Tartamudez.

Afortunadamente Rodrigo no decayó nunca y en la entrevista número 31 logró ese ansiado puesto de trabajo, aunque no todas las personas con dificultades en el habla son tan persistentes. El primer revés en su carrera profesional llegó nada más pisar la universidad. «Quise estudiar Magisterio, concretamente una especialidad dirigida a niños con problemas en el habla y la audición. Un día tuve que leer en voz alta ante toda la clase. La profesora se dio cuenta entonces de mis dificultades en el habla y me dijo que no tenía aptitudes para trabajar en este ámbito», recuerda Rodrigo, quien a partir de esa momento decidió abandonar la Facultad, desanimado por los comentarios y la humillación pública de su profesora.

Fue entonces cuando optó por reconducir su carrera. «Me apunté a una FP en Electromecánica porque suponía trabajar solo con máquinas, no requería relacionarme ni intervenir en público». Al terminar su formación, España estaba en plena crisis económica, por lo que emigró en busca de oportunidades laborales. Estuvo en Reino Unido y Bélgica, trabajando como electromecánico, y allí no se sintió en ningún momento ni discriminado ni rechazado. A los tres años de haber iniciado su periplo en el extranjero, regresó «con muy buen currículum y un alto nivel de inglés». Animado, empezó a buscar trabajo en Madrid y si bien en todas las ofertas laborales querían conocerle a través de una entrevista presencial, de las treinta que realizó en dos meses todas concluyeron de la misma manera. «No pasaba nunca a la siguiente fase. En algún caso, no era yo el perfil que estaban buscando, pero en la mayoría era por mi tartamudez», señala Rodrigo

«En esos momentos eres consciente de que no estás jugando con las mismas cartas que los demás y es muy duro», comenta al respecto para a continuación admitir que «cuando no recibes respuestas positivas vas decayendo». «Ves compañeros y amigos que van consiguiendo trabajo y tú has de hacer un esfuerzo superior para conseguir los mismos objetivos», añade.

Pese a todo, este joven madrileño no desistió nunca y afortunadamente no tiró la toalla, porque en la entrevista número 31 consiguió al fin su ansiado contrato laboral. “Durante la entrevista, que duró unas dos horas y pico, la responsable de Recursos Humanos me preguntó si no tenía experiencia realizando entrevistas de trabajo y esa era la razón de mis dificultades en el habla», recuerdael joven, pero pese a ello «me convocaron para la siguiente fase, que consistía en una prueba de conocimiento técnicos». Entre los cinco candidatos que optaban al puesto, él fue el elegido y ya son cinco años los que lleva trabajando en esta empresa como técnico en el sector industrial energético. «Lo complicado no es demostrar mis conocimientos, sino hacer ver que soy tan capaz como quienes no tienen dificultades en el habla» . Rodrigo tiene claro que logró el puesto por sus capacidades y experiencia y porque «quien me entrevistó me escuchó realmente, cosa que los demás no hicieron, y fue capaz de ver más allá de la primera impresión».

Sin embargo, ahora, cinco años después de su contratación, es consciente de que tiene «dificultades a la hora de optar a un ascenso». «He ido progresando en sueldo y responsabilidad a la par que el resto de mis compañeros, pero ahora veo una posible dificultad a la hora de seguir promocionándome». «No tengo tanta facilidad para comunicar o vender algo y la gente no está acostumbrada a tener la pacienciauando hay que dar un poco más de tiempo a quien lo necesita», lamenta. Por todo ello, a partir de su propia experiencia, Rodrigo lanza una petición, a empresas y contratadores: «Que no nos juzguen tan rápidamente y nos den un poco más de tiempo para que nos puedan conocer».

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